
Urogallo común (Tetrao urogallus). Virginia Bragado.
El canto del urogallo común (Tetrao urogallus) se ha dividido en una serie de estrofas bien diferenciadas por naturalistas, cazadores y gentes del campo, buenos conocedores todos ellos, de los hábitos de nuestro gallo de monte. Según autores, dividen las estrofas en tres o cuatro secuencias bien diferenciadas. Tal vez sea la división en cuatro estrofas, efectuada por el biólogo Javier Castroviejo en su magnífica obra «El urogallo en España» (1975), la que más ha trascendido y la tomada a día de hoy como referente. La división es la siguiente: «tacs o redobles»; «castañueleo o tableteo»; «taponazo» y «seguidilla». Bien es cierto, que según la zona geográfica en la que se encuentre la población de urogallo, los nombres de las estrofas variarán.
La duración del canto es sumamente corta, no más de 10 segundos, aunque tras una breve pausa, lo emitirá prácticamente en bucle. Comienza con varios «tac» que terminan con un redoble, seguido del famoso taponazo, para enlazar con la estrofa final, la seguidilla.
El canto tiene una dispersión sonora sorprendentemente baja, resultando francamente difícil escucharlo a más de 75-100 metros de distancia, siendo los taponazos los sonidos más audibles de las diferentes estrofas.

Fases detalladas del canto del urogallo:
Tac/redobles : el canto comienza con una serie de chasquidos secos y espaciados en el tiempo. Suenan como un «tac» sencillo o en ocasiones doble «tac-tke», denominado redoble. Antes de enlazar a la siguiente estrofa o al canto completo, pueden emitir durante varios minutos los «tacs» dependiendo de variables como la intensidad de celo. Al final de esta primera estrofa, los «tacs» se van acelerando para unirse a la segunda estrofa.
Castañueleo/tableteo: tras los «tacs», esos chasquidos van in crescendo acelerándose, creando un sonido continuo haciéndose cada vez menos nítido, sonando atropellado. Hay autores que no lo diferencian como una fase del canto, si no que lo engloban junto a los «tacs» o «redobles».
Taponazo: sucede tras la fase del «castañueleo», siendo la fase más característica del canto del urogallo. Se trata de un sonido fuerte y seco, semejante al sonido que produce el descorche de una botella de champán.
Seguidilla: tras el «taponazo» y como fase final del canto, termina con una serie de sonidos siseantes o chirriantes, similar al que haría una sierra cortando madera, o parecido al afilado de una guadaña.
Durante la fase de la «seguidilla», el urogallo entra en un estado de «sordera de celo» temporal, en la que el gallo no atiende a estímulos externos. Esta falta de atención estaría motivada por causas psíquicas debido a la gran excitación que le produciría el celo y la proximidad de las gallinas.
Estas últimas, las hembras de urogallo, en el cantadero y durante el celo, cloquean de manera similar al de las gallinas domésticas.
Por último, otro sonido que emiten los machos durante el celo, seria el gargareo, denominado así por la cierta semejanza que tendría al sonido que producimos al hacer gárgaras. No es un sonido escuchado con tanta frecuencia como el propio canto, aunque lo suelen emitir intercalándolo entre estrofas. Es más frecuente escucharlo durante el celo de la tarde y en menor medida durante el de mañana. El fragmento que pongo a continuación fue emitido durante el amanecer.
Aparte de las vocalizaciones anteriormente tratadas, los urogallos producen sonidos mecánicos fruto de sus aleteos. Es más probable que detectemos a un urogallo a través del fuerte sonido de sus alas mientras se desplazan por el bosque, que lo observemos directamente u oigamos vocalizar.
Antes de bajar a los cantaderos en los cuales se librarán los combates, tanto físicos como vocales, los urogallos permanecen en lo alto de los árboles y sus ramas. En ocasiones empiezan tímidamente su canto perchados en los árboles, hasta que bajan al suelo. A continuación, se escucha el aterrizaje de un macho en el cantadero.
Durante el celo y cuando el urogallo macho entona su proclama de cuatro estrofas, en ocasiones suprime la última (seguidilla), o no la realiza completa, para pegar un salto a la vez que aletea.
